Apreciar lo que se tiene

Apreciar lo que se tiene

Hace casi 30 años atrás, conocí a una señora llamada Blanca, quien para aquel entonces estaba llegando a los 80 años, ella tenía una frase que he atesorado por años; “No tengo todo lo que quiero, pero quiero todo lo que tengo”. Esto me ha ayudado con los años a sopesar los embates de la vida, ya que, al nacer en situación desventajosa económicamente, como la inmensa mayoría, me ha tocado luchar por mejorar mi situación personal para superarme, viendo a muchos en mi alrededor que no les importaba seguir en las mismas o hasta caer en realidades más complicadas, sobre todo en la Venezuela del siglo XXI que nos ha tocado sobrevivir.

Esa dejadez de las mayorías, sin duda es la que ha hundido con los años al país en la miseria sucialista del siglo XXI, pero ella no sólo ha sido porque las capas sociales mayoritarias simplemente se dejan llevar por la juerga y la vanidad, dejando a un lado la importancia de centrarse en mejorar su entorno y situación sociocultural. A esto hay que agregarle, miles de egresados universitarios terminan teniendo empleos mal pagados y sin muchas expectativas a superarse. En un sinnúmero de casos, también el entorno educativo profesaba desde temprana edad, y de forma fehacientemente, que el Estado tenía que ser el proveedor de todo lo posible, y en cierta forma no se daba el incentivo necesario para los estudios.

Por ello no es raro ver que miles de jóvenes busquen otra manera de ganarse la vida, algunos apuntan al deporte, otras, al modelaje y del show business (mundo del espectáculo), porque consideran que se enriquecerán rápidamente. También están hoy día los millones de jóvenes que se crean sus canales en redes sociales para llegar a ser “influencer”, pero al final de la historia sólo una pequeñísima parte lo logran en algunas áreas, la inmensa mayoría quedan en lo mismo, o peor.

Teniendo tantas telarañas en los ojos, y con tan poca formación de calidad (existiendo la disponibilidad de Internet para investigar y formarse en lo que sea), el no valorar lo que se tiene no es nada raro. Por ello fue que un puñado de resentidos, que no valoraban lo que existía, pusieron al zambo de Sabaneta en Miraflores en diciembre de 1998. No es que Venezuela era una gran nación que estaba de las mil maravillas, pero lo que si era cierto es que existía estabilidad social y que los cambios que se requerían básicamente eran de orientación al Libre Mercado (proyecto que intentó Carlos Andres Pérez y no lo dejaron), y no seguir esperando que el Estado sea el proveedor.

El cambio de constitución, la injerencia del Ejecutivo en todos los poderes, el acomodamiento de los mediocres en puestos importantes para la dirección del país, ha dejado como resultado a 8 millones de compatriotas auto exiliados, y quienes mucho ya ni les importa lo que pase allá, porque su nueva realidad les dice que deben adaptarse a la nueva sociedad que les ha dado la oportunidad de progresar.

Hoy día muchos de estas generaciones que han vivido el sucialismo del siglo XXI aprecian lo poco que puedan tener fuera del infierno chavista en Venezuela, porque la vida les ha mostrado que; “Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente”. Pero aún quedan muchos en el país exigiéndole a los criminales que conforman el cartel de Miraflores y el cartel de Los Soles (del partido verde), que les den beneficios sociales, “porque son reivindicaciones ganadas”. Sin duda esta gente con mentalidad zurda pareciera no enterarse que viven en el sucialismo real y que en ese mundo nada funciona bajo la ley escrita, sino la del más fuerte. Quizás cuando valoren lo que tenían, se percaten de la importancia que hay de cambiar de mentalidad, y dejar atrás las ideas zurdas que han mantenido a Venezuela en los últimos puestos de la región, en las últimas décadas, en calidad de vida.

Lic. José Francisco Marcano S.

Ig: @jfranciscomarcano

X: @jfmarcano

 

Les invito a leer mi libro “7 Textos caraqueños” con introducción escrita por el Dr. Ítalo Tedesco.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Impuesto es robo

Impunidad para hacer

No oigo, no veo y no hablo