Reflexiones: Entrenamiento destructivo

Reflexiones: Entrenamiento destructivo
En una oportunidad conversando
con un amigo que tiene una capacidad de lectura muy rápida, puede consumir
libros de 200 páginas en una sola sentada, me comentó, lo que siempre le
llamaba la atención era que las historias más relevantes sucedían en los
extremos de las clases sociales. Es decir, la gente sumamente rica y poderosa o
la gente extremadamente pobre. El discernimiento de esa conversación se basaba en
que los que vivimos como “clase media” nos dedicábamos a no caer al fondo, más
tampoco nos daba tiempo para ocios extravagantes.
Evidentemente el colocar a
individuos de estas clases sociales en las historias, que en muchas ocasiones
rayan en lo encasillado, nos dio a concluir en cierta forma que la humanidad
tiene un instinto a la autodestrucción. Porque siempre en muchas extravagancias
cometidas por estas situaciones concluyen con la muerte de uno o varios de los
individuos.
En las clases altas ejemplos
sobran desde la antigua Roma, por no irnos más atrás, en sus bacanales o en
personajes como Neron y Calígula, entre muchos otros, pasando por miles de
príncipes, reyes, emperadores y dictadores. Sin contar con algunos jefes de
Estados, empresarios, artistas, deportistas de alto rendimiento y un largo etc.
Pero las locuras destructivas no sólo se ven allí, muchas personas con vidas
miserables también terminan igual, con la diferencia que al no ser tan mediáticas
ellas pasan por desapercibidas. En la prensa escrita o por la televisión nos
enteramos de sucesos como asesinos en serie, que antes de ser descubiertos eran
personas comunes, pero en el fondo podían ser por ejemplo, pedófilos de
diferentes gustos sexuales que aprovechan cierta facilidad para dominar a sus víctimas
y lograr su cometido.
La humanidad ha tenido estas
características desde hace mucho, y desde que hay registro escrito se han
conseguidos cientos de casos tan sórdidos como estrafalarios. Personajes como
Jack el destripador por nombrar uno de los más famosos o el colombiano Pedro
Alonso López conocido como el monstruo de los Andes, nos muestran que en los
bajos mundo estás prácticas igual se dieron y se dan todo el tiempo. Los cierto
es que por una u otra razón siempre ha habido individuos o grupos de ellos
acabando con sus iguales.
Pero esto no sólo es un individuo
que ataca a otro, también está la auto destrucción personal y de esto hay más
evidencia empírica, sólo con ver la cantidad de adictos a las drogas legales o
ilegales que terminan sus días de forma que parecieran odiaran sus vidas, es un
fuerte indicio que el humano en su neurosis cotidiana es capaz de auto agredirse
sin necesidad de un tercero.
En otra oportunidad, en una
charla con amigos que trabajan en salud mental, caíamos en las referencias de
los motivos del porque los individuos son capaces de agredirse, algunos
consientes y otros no, básicamente por sus frustraciones personales que en muchas
ocasiones se da por la estructura de las sociedades en la que se desenvuelven y
a las que no terminan de acoplarse del todo o aceptar sus posiciones en ella.
La falta de valoración
personal y respeto hacia sí mismo, la incapacidad de adaptarse y evolucionar,
la nula motivación individual y no preocuparse de crear una conciencia, sería algunos
de esos tantos factores que desde mi punto de vista inciden directamente en la
autodestrucción de muchos.
Lic. José Francisco Marcano S.
Ig: @jfranciscomarcano
Tw: @jfmarcano
Les invito a leer mi libro “7
Textos caraqueños” con introducción escrita por el Dr. Ítalo
Tedesco.
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